Quién Soy

¡Hola! Soy Juan Manuel

Hablemos un poco de mí

​Me llamo Juan Manuel Zapata Cano, crecí y he residido toda mi vida en un pequeño pueblo llamado Concordia  (Antioquia – Colombia). Es el vivir aquí parte fundamental de lo que soy.

Antes que nada, es muy importante para mí mencionar que tuve el privilegio de crecer en una familia que con su ejemplo sembraron en mí principios humanos básicos. A pesar de haberles presentado una infancia rebelde y problemática, nunca me impusieron ningún ideal de manera forzada, respetándome la libertad de elegir cómo forjar mi personalidad. Nunca me dieron más de lo que merecía, y por fortuna no se esforzaron en darme la “falsa vida” de abundancia y soberbia; sin lugar a duda, más que mi vida, les debo lo que soy. 

Desde que tengo uso de razón he tenido un profundo interés, curiosidad y un poco de temor con lo que hay más allá de nuestro entender (obviamente, un interés más criterioso con el pasar de los años y experiencias vividas), cuál es nuestro propósito en el mundo, el por qué y para qué de lo que hacemos.

En mi infancia comencé a desarrollar un pensamiento de ir en contra de todo sin ninguna razón aparente, que al llegar a la juventud se convirtió en una actitud rebelde, la cual, sumada  a los conflictos internos de personalidad propios de la edad, me trajeron algunos inconvenientes y angustias a mi familia en el momento.  

A pesar de dicha actitud, fueron despertando en mí una cantidad de sensaciones más humanas; con cada comportamiento inadecuado, en el fondo sabía y sentía que no era lo correcto, que había algo en mí que debía corregir, cada ofensa, cada vez que menosprecié e hice sentir mal a alguien, o cada vez que actué en contra de mis ideales, el cargo de conciencia me hizo reflexionar y enfocarme en aquello que debía corregir con urgencia.

Esto lo he convertido en un ejercicio habitual en mi día a día, no es nada fácil cambiar malos hábitos, pero creo que somos afortunados al poder revisarnos a nosotros mismos e identificar nuestras falencias, cuando esa voz en nuestra conciencia nos dicta cambiar, pide a gritos que no olvidemos nuestra esencia, lo que realmente somos, eso que evitamos ser por una u otra circunstancia, por intereses banales y superficiales.

Aprendí a reconocer mis errores y gracias a esto, no temo pedir perdón cuando es necesario, no me guardo palabras de elogio y reconocimiento a quien lo merece; el renovarme constantemente a nivel mental y personal, se ha convertido en mi razón principal de vida.

Al mencionar este aspecto de mi vida, parezco pintar el paraíso, pero sólo es un ejercicio que trato de realizar por que lucho contra mí mismo todo el tiempo, contra mis más grandes falencias: el orgullo, la prepotencia, la intolerancia, la altanería, el egoísmo, la mediocridad, etc., son sólo algunos de los aspectos de mi personalidad que identifico a diario, y me empeño en corregir en la medida de lo posible, porque son nuestros defectos más profundos la puerta de entrada a nuestras mayores virtudes. La meta no es pretender ser perfecto, reitero, en el fondo siempre podremos encontrar nuestra esencia, nuestro verdadero yo, aquello que debemos fortalecer y sacar a flote sin ningún temor.

(Actualización progresiva)

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